Jesús tuvo sed. Jesús tuvo hambre
La oración es omnipotente

La Palabra
Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
De mañana, camino de la ciudad, tuvo hambre. Viendo una higuera junto al camino se acercó, pero no encontró en ella nada más que hojas y le dijo: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!». E inmediatamente se secó la higuera. Al verlo los discípulos se admiraron y decían: «¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?».
Jesús les dijo: «En verdad os digo que si tuvierais fe y no vacilaseis, no solo haríais lo de la higuera, sino que diríais a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y así se realizaría. Todo lo que pidáis orando con fe, lo recibiréis».
Meditación
La Sed, el encuentro con la Samaritana, la Cruz: Cansado y sediento, Jesús pide de beber a la mujer en el pozo de Jacob. La sed de Jesús se convierte en el pretexto para hablarle del agua viva, es decir, el Espíritu Santo. Quien bebe el agua del pozo (las necesidades materiales) volverá a tener sed, mientras que el agua de Dios sacia para siempre. Todos tratamos de calmar nuestra sed existencial en fuentes que no sacian (los «cinco maridos» de la Samaritana, las ilusiones terrenas). Solo Cristo puede colmar este vacío. El evangelista subraya cómo el Mesías tiene hambre y sed físicas y, más aún, espirituales. Esta humanidad le sirve a Jesús para revelarse como la verdadera respuesta a toda búsqueda del alma.
El grito «Tengo sed» desde la Cruz es el lamento de Cristo vivo en la Eucaristía.
El Hambre de Jesús y la higuera estéril: Jesús, hambriento, busca higos en un árbol que solo tiene hojas y, al no encontrarlos, lo maldice. El árbol representa la hipocresía religiosa de quien muestra una fachada exterior impecable (las hojas), pero es estéril por dentro e incapaz de producir los frutos gratos a Dios. Jesús busca frutos en el adorador porque puede darlos, porque ha recibido mucho.
Jesús tiene hambre de nuestro cambio interior y de obras concretas. Di con la esposa del Cantar de los Cantares: «Entre mi amado en su jardín (el alma) y coma sus frutos exquisitos» (los frutos del amor) Y responde el Esposo: «He entrado en mi jardín, hermana mía, esposa; he recogido mi mirra y mi bálsamo, he comido mi néctar con mi miel, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, embriagaos de amores!»
Lectura espiritual
SOY DICHOSA CUANDO ORO
20-3-1973de Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, en Opúsculo 16 «El habla de Dios» de «Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa», Editorial Eco de la Iglesia, págs. 40-41 (paginación del EPUB).
Leer el texto completo (PDF oficial, página 34)
«Soy dichosa cuando oro,porque lleno la apetencia de las hambres de mi sed,porque encuentro al que deseo y apercibo la dulzuraque se encierra en un sagrario silenciadoen rumores candescentes por las llamas de Yahvé.
Soy dichosa cuando oro, porque llego a todas partesen inmensas apetencias,que se abrigan en mi ser,de irradiar por todo el mundo las lumbreras infinitasque en tu seno contemplé.
Soy dichosa cuando oro,porque lleno en mi terrible apetecercuanto soy y cuanto buscoen mi modo desbordante de querer.
Soy dichosa cuando oro...No hay fronteras para el alma que, adorante,se desploma ante un sagrario silencioso,en sus ansias delirantes de tener,escuchando los lamentos del Inmenso,
que, hecho Hombre, se descubre al pueblo amante,tan humano y tan divino como es.
Soy dichosa cuando oroy repleta en mis llenuras,en mis hambres y en mi sed,y en mis nostalgias de Cielofrente al Ser.
Soy dichosa cuando oro.¡Dios conoce mis porqués!».