María ha escogido la parte mejor
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La Palabra
Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios;
hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
Meditación
En el camino de la vida Jesús entra en la casa-persona buscando adoradores y encuentra a María sentada «a los pies» como discípula y «esclava». El adorador no se pone en el centro, sino que se abaja a sí mismo para elevar a Dios. Adorar es vivir en la humildad. María no habla, escucha. La adoración no es un monólogo, sino un silencio acogedor.
Marta está distraída con las cosas que hacer; María elige lo único necesario (la presencia de Jesús). Así el adorador comprende que la intimidad con Dios sostiene toda actividad.
María comprende el dolor de Cristo cuando los demás están distraídos. Quien adora asume la tarea de consolar el Corazón de Cristo y de interceder por las necesidades del mundo estando en Su presencia.
Lectura espiritual
ORAR ES AMAR. LA ORACIÓN ES OMNIPOTENTE PARA EL HIJO DE DIOS QUE, SENTADO EN SUS RODILLAS, CON CRISTO, POR ÉL Y EN ÉL, BAJO EL IMPULSO DEL ESPÍRITU SANTO LLAMA A DIOS: PADRE
6-12-1973 · Fragmentosde Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, en Opúsculo 16 «El habla de Dios» de «Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa», Editorial Eco de la Iglesia, págs. 37-39 (paginación del EPUB).
Leer el texto completo (PDF oficial, página 32)
A los pies del Sagrario se llena el fin para el que hemos sido creados, siendo lo que tenemos que ser y haciendo lo que tenemos que hacer con relación a nosotros y a los demás; pues conseguimos cuanto pedimos, si lo pedimos según el designio de Dios, alcanzando el hacernos semejantes a Cristo, protector del huérfano y de la viuda, subyugador de amores, Sol de la verdadera justicia, «Admirable-Consejero, Dios-Fuerte, Padre-Perpetuo, Príncipe-de-la-Paz», Camino seguro que nos conduce a la verdadera y auténtica felicidad.
¡Qué grande es orar...! Porque orar es estar con Dios. Y ¿puede haber cosa más grande para la criatura que ponerse en contacto con su Creador?
«Señor, enséñanos a orar...». Ante lo cual, Jesús, volviendo su mirada al Infinito, exclamó:
«Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre» y glorificado, para que esto se cumpla sobre todo y por encima de todo.
«Venga a nosotros tu Reino», para que nos encajemos en los planes eternos de Dios, viviendo aquí en fe y después en luz en su Reino y de su Reino.
«Y hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo». Esto es lo esencial y principal que Cristo quiso manifestarnos, enseñándonos a orar al Padre Celestial, para el encajamiento perfecto del plan de Dios. Y como consecuencia de todo ello:
«Danos hoy el pan nuestro de cada día» para sustento de nuestras vidas en este peregrinar.
Y «perdona nuestras ofensas», con la condición que nosotros «perdonemos a los que nos han ofendido»; amándonos unos a otros, según las palabras de Jesús, «como Él nos ha amado»; ya que «no hay muestra de amor más grande que dar la vida por la persona amada».
Y finalmente: «No nos dejes caer en la tentación», estando dispuestos a perder la vida, si preciso fuera, antes que ofender a Dios.
«Líbranos del Maligno», que anda «como león rapante y rugiente, buscando a quién devorar»por las seducciones del mundo, mediante las concupiscencias de la carne.
Y al fin, unidos todos en el amor del Espíritu Santo, seamos uno como el Padre y el Hijo son uno, conozca el mundo cómo nos amamos, y Dios sea glorificado en ello.