Itinerario del Adorador
EtapaII

Elías y la cueva

Las voces del Silencio

Grabado: Elías se cubre el rostro con el manto a la entrada de la cueva, mientras un viento impetuoso parte los montes
Magdalena van de Passe, según Adam Willaerts, Elías se cubre el rostro con el manto, 1617-1634. Rijksmuseum, Ámsterdam.
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La Palabra

1 Re 19,9a.11-14

En aquellos días, Elías, caminó hasta el monte de Dios, el Horeb. Allí se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor preguntando: «¿Qué haces aquí, Elías?».

Le dijo: «Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor».

Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor.

Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor.

Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor.

Después del fuego el susurro de una brisa suave.

Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva.

Le llegó una voz que le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?»,

y él respondió: «Ardo en celo por el Señor, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares y pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para arrebatármela».

Reflexionar

Meditación

El Silencio es necesario para percibir la Presencia de Dios en su Monte divino de la Eucaristía.

Elías en la cueva: Dios no está en el viento fuerte, en el terremoto ni en el fuego, sino en el «susurro de una brisa suave» (o «silencio sutil») casi imperceptible.

El Adorador, ante la Hostia consagrada, experimenta el mismo silencio de Elías. Dios no se impone con estruendo, sino que se revela en el silencio de la Eucaristía. El Adorador permanece vigilante, de pie ante Dios.

Hace falta la Purificación del corazón y salir de la cueva del corazón enfermo:

Elías llega a la cueva desanimado, asustado y cansado, deseoso de morir. La cueva es el lugar de la verdad interior donde deposita su propio yo.

El Adorador, ante el Santísimo, se despoja de sus máscaras, de sus fatigas y de sus desilusiones, está en la noche, dejando que el amor de Cristo purifique sus intenciones.

«¿Qué haces aquí, Elías?» pregunta el Altísimo hasta dos veces. ¿Qué haces tú ante la Eucaristía, cansado, aburrido de la vida? Te lo pregunta Cristo vivo…

Estoy aquí porque te han abandonado…

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Lectura espiritual

ADORA EN SILENCIO

17-9-1972

de Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

Fuente

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, en Opúsculo 7 «La excelsitud excelsa del Coeterno Ser» de «Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa», Editorial Eco de la Iglesia, pág. 10 (paginación del EPUB).

¡Oh, si yo pudiera cantar el poemaque encierro en mi seno…!¡Si manifestara la hondura profundade Dios sin conceptos…!¡Si deletreara, en notas de amores,mis fuegos inmensos…!

Es brisa callada, son suavidadesde Cielo en destierro,ímpetus profundosen arrullos tiernoscomo en melodías…¡No sé lo que tengo,no sé lo que digo,ni cómo exponerlo!

Siento a Dios muy hondodentro de mi pechoen brisas de amores,en llamas de fuego,en palabras tiernascual inmenso Beso…

Siento a Dios en brisa,como en un conciertode suavidadesen tiernos silencios…

¡Ay, si yo expusieralo que tengo dentro,lo que siento en brisay el modo en que es esto…!

Calla, alma querida,oculta el misterio.¿Cómo has de exponercon pobres conceptosal Inmenso en vida,dentro de tu pecho…?¿Cómo expresarássus amores tiernosy lo que tú sientesen lo más internoante el néctar dulcee su eterno Beso?

¡Que nadie se enterede estos mis misterios,de las expresiones con que yo prorrumpopara descifrar los toques secretos de Diosen la hondura honda de mi seno abierto!

Quisiera ser lirade eternos conciertos,para responderen dulces acentosa las melodíasque siento en mi seno.

¡Quisiera ser ángel,quisiera ser Cielo…!

Mas, calla, alma mía,y adora en silencio,que la adoraciónresponde al Inmenso.