Itinerario del Adorador
EtapaVIII

La adoración del Cordero en el libro del Apocalipsis

El Cordero sobre el altar, adorado por ángeles de rodillas; delante, la fuente de la vida y las multitudes de los santos
Jan y Hubert van Eyck, Adoración del Cordero místico (detalle del Políptico de Gante), 1432. Catedral de San Bavón, Gante.
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La Palabra

Ap 7,10-17

Y gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno de los ancianos me dijo: «Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».

Reflexionar

Meditación

El Libro del Apocalipsis describe la liturgia celeste, una eterna adoración en torno al trono de Dios y del Cordero (Ap 7,10-17). Esta visión es el reflejo perfecto de la Adoración Eucarística terrena: la hostia consagrada es el Cordero inmolado y glorificado, ante el cual el adorador se postra, anticipando la comunión de los santos.

Como la multitud está de pie ante el trono, así el adorador vigilante se detiene ante la Custodia. La postura expresa respeto y reconocimiento de la realeza divina.

Los salvados «han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero». La Adoración es el lugar de la purificación y de la sanación interior, donde uno se deja alcanzar por la Misericordia divina que cura las heridas de la vida cotidiana.

En el cielo se eleva un himno de alabanza ininterrumpido. El adorador entra en este coro cósmico, pasando de la simple petición de favores a una oración de alabanza, acción de gracias y contemplación pura.

En la Adoración nace y crece el deseo de la Eternidad que da sentido a toda la vida cotidiana.

Leer

Lectura espiritual

PORQUE CREO EN LA VIDA ETERNA, ME ABRASO EN MIS NOSTALGIAS POR EL ENCUENTRO DEFINITIVO CON EL AMADO

de Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

Fuente

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, en Opúsculo 17 «Yo tengo fe» de «Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa», Editorial Eco de la Iglesia (paginación del EPUB).

Y enaltecida por la fe de Abraham, «padre de todos los creyentes», repleta de esperanza en las promesas de Dios, y encendida en las llamas refrigerantes del Espíritu Santo, vuelvo a entonar mi canción de:

Yo tengo fe… Y «creo en la vida eterna».

«¡Oh qué misterio tan verdadero es el de la Eternidad…! –escribía el 10 de noviembre de 1961–. Toda mi alma, iluminada por la fe, está reventando en felicidad de tanto tener esperanza en la Eternidad.

Experimento que mi vida es un trasunto de ese día eterno en el cual, cerrando los ojos al destierro, me encontraré cara a cara, para siempre, contemplando al Ser en su ser reventando en Tres… ¡Para siempre…!

¡Oh Día eterno de la Eternidad, tan profundamente te has incrustado en mi alma, que eres tú y solo tú el único centro de atracción para mí en este destierro…! Te saboreo sin llamarte; te espero segura; corro en tu búsqueda, enamorada. Te necesito porque eres mi principio, mi fin y mi vida; eres mi parte y mi herencia. ¡Solo para ti nací, y no podré ser feliz plenamente, ni descansar, hasta que me sacie a la luz de tu semblante…!

La muerte, para mí, no es muerte, es la puerta que se me abrirá a ese día eterno, ¡mañana!, en el cual, perdida en la espesura infinita de tu inconmensurable ser, yo estaré abismada, robada y poseída por la simplicidad silenciosa y sencilla de tu inmutabilidad.

¡Oh Eternidad querida!, ¿es posible que no seas un sueño ni una cosa lejana…? ¡No!, eres más mía que yo misma y más cercana que mi misma alma. ¿Es posible que mañana yo esté engolfada en ti para siempre, contemplándote cara a cara, metida en la sabiduría profunda del Engendrador eterno, expresando en un júbilo dichoso con el Verbo, abrasada en la corriente divina, pacífica, silenciosa y avasalladora del amor del Espíritu Santo…?».