Itinerario del Adorador
EtapaVI

Los discípulos de Emaús

Lo reconocieron en la Eucaristía

A la luz de una vela Jesús parte el pan y los dos discípulos lo reconocen, asombrados
Matthias Stom, Cena en Emaús, hacia 1632-1639. Musée de Grenoble.
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La Palabra

Lc 24,13-35

Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos.

Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexionar

Meditación

Los discípulos caminan tristes y desilusionados, incapaces de reconocer a Jesús a su lado, para volver a la monotonía de antes. También el adorador entra en oración llevando las fatigas y las ansias de lo cotidiano, las de siempre.

Como Jesús explicó las Escrituras (es decir, a Sí mismo) a los dos caminantes haciendo arder sus corazones, así el adorador se sienta en silencio ante la Eucaristía, elocuente Pan partido, para abrir los ojos, contemplar con fe y Adorar, superando la sola vista humana.

Ya se hace de noche… sin la Presencia de Cristo en la vida todo se encamina al declive; con Él todo cobra sentido y vigor… Una vez más Dios Padre nos explica su Palabra en el ardor del Espíritu Santo.

Leer

Lectura espiritual

Recuerda que:

EN EL SAGRARIO JESÚS TE ESPERA SIEMPRE

de Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

Fuente

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, en «Frutos de oración — Retazos de un diario», separata «Eucaristía», n.º 919–927, Editorial Eco de la Iglesia.

  • El secreto amoroso de Jesús en la Eucaristía, es esperar sin cansancio a la persona amada, por si tal vez, algún día, viniera a buscarle.

    n.º 919 · 18-2-65
  • El Amor Infinito no sabe de cansancios, de traiciones ni de olvido. El Amor es así… ¡ama!

    n.º 920 · 25-10-68
  • Los años pasan, el mundo se altera, los hombres cambian, nacen y mueren… Jesús sigue igual, esperando en el sagrario sin cambiar ni alterarse. El Amor Infinito es así. ¡Qué seguridad encierran los misterios divinos, aunque los hombres, por no gustarlos, los profanen!

    n.º 921 · 25-10-68
  • ¡Qué realidad tan grande es la de Jesús en el sagrario! ¡Qué solo está, y qué misterio tan vivo es para el hombre que a Él se acerca y le apercibe!

    n.º 922 · 25-10-68
  • Jesús está en la Eucaristía para llevarnos a todos con Él al seno del Padre; pero nosotros ni le escuchamos, ni le recibimos y así le defraudamos, no llenando el plan divino.

    n.º 923 · 16-10-67
  • Señor, te olvidaron los hombres… ¡Están tan ocupados, tan llenos de cosas…! ¡No hay mayor desprecio que no hacer aprecio del bien recibido!

    n.º 924 · 1-5-77
  • El Amor eterno que muere por amor en donación amorosa y se perpetúa, a través de la liturgia en la Iglesia, haciéndose Comida y Bebida, Prisionero y Mendigo, es respondido, la mayoría de las veces, por los que ama, con la despreciativa indiferencia del olvido. ¡Terrible ingratitud que taladra el alma de Cristo!

    n.º 925 · 1-5-77
  • ¡Cuánto duelen los olvidos inconscientes de los que amamos! Se olvidan, porque el corazón está en otras cosas. El que ama se experimenta cogido por la persona amada, en nostalgia amorosa.

    n.º 926 · 1-5-77
  • Jesús, ¿te sientes solo? ¿Te olvidaron los que amas? ¡Su inconsciencia los aletargó! Mas Tú esperas sin cansarte, sin marcharte, por si, en su olvido, volvieran a recordarte con nostalgias…

    n.º 927 · 1-5-77